© 2017 Carlos Fonseca Fábregas - Todos los derechos reservados.
Can Catalá Era   una   casa   pairal   ubicada   en   la   Plaza   Octaviano   #6,   fue habitada   por   primera   vez   el   1   de   enero   de   1798   por   el Mestra de Casas Jaume Catalá quién la construyó. Con   la   información   disponible   en   algunos   manuscritos antiguos   se   logro   reconstruir   las   personas   que   vivieron   en esa   casa   por   mas   de   dos   siglos,   hasta   que   en   el   año   1968 se   decidió   derrumbarla   por   su   antigüedad   y   se   construyo en su lugar un edificio de apartamentos. La Casa de los Abuelos (La Casa dels Avis) En la Boda de Tomás Fábregas y Antonia Catalá (En les noces de Tomás Fábregas i Antonia Catalá) Salud, casa solariega, que desde hace un siglo Demuestras que tienes firmes los cimientos Paredes erigidas con la mano y la regla Y consagradas por los rescoldos y el viento.  Viejo baluarte que aún hoy soportas El peso del tiempo y el nombre de los que ya no están. Templo sagrado de aquellas cosas muertas Que son toda la vida de mi mundo.  Refugio de amor y ejemplo de honradez que tienes el encanto y un canto de eternidad. Salud, casa solariega, que eres hogar encendido Por la chispa que no se ha apagado.  Casa de los abuelos, de que conozco las sombras y el miedo del silencio de la noche, y la alegría de invadir penumbras en el primer rayo de sol sobre la cama.    Ámbitos amigos de conocimiento antiguo, oh, habitación mía de muñecos extraños, oh, alcoba de que conozco el grosor de cada viga de haber sido mulato en ella, hace ya muchos años.  Ahora todo es para mí un recuerdo; la mesa y aquel banco del comedor, y la sala del centro donde bailábamos como si siempre fuese fiesta mayor,  el lagar donde, en septiembre, cada tarde, el abuelo me llevaba a pisar la uva; el pozo, que me encogía de temor al subirme a él como si cometiese un crimen.  Y la higuera, aquella gran higuera, Que me costaba tantas riñas y sermones. Y el barrio abierto, que me traía el deseo De ganar la amistad de otros chicos.  Y esta gran entrada, por donde corría y escuchaba las conversaciones de la gente. Veo el santo y la lámpara, y donde estaban la escopeta de caza y somatén.  Y este portal que tiene la llave pesada y el banco de piedra afilado de entrar y salir, lo veo como una arcada triunfal para los que como yo se sepan rendir.  Casa solariega, bella es la ocasión - hoy que es la boda de un heredero -, para reencontrar la propia grandeza y rehacer el sonido de una voz lejana.  Haced que resuenen fuertes las campanas Del monasterio vecino, en buen presagio.    Y haz que en otras horas caseras - al margen de las vanidades humanas - otro nieto te cante igual que yo.  San Cugat del Vallés  Del libro “Del Meu Voltant”, Poemas de Joan Trias Fábregas Editado en Sabadell en 1932
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Can Catalá Era   una   casa   pairal   ubicada   en   la   Plaza   Octaviano #6,   fue   habitada   por   primera   vez   el   1   de   enero   de 1798   por   el   Mestra   de   Casas   Jaume   Catalá   quién   la construyó. Con      la      información      disponible      en      algunos manuscritos     antiguos     se     logro     reconstruir     las personas   que   vivieron   en   esa   casa   por   mas   de   dos siglos,    hasta    que    en    el    año    1968    se    decidió derrumbarla   por   su   antigüedad   y   se   construyo   en   su lugar un edificio de apartamentos. La Casa de los Abuelos (La Casa dels Avis) En la Boda de Tomás Fábregas y Antonia Catalá (En les noces de Tomás Fábregas i Antonia Catalá) Salud, casa solariega, que desde hace un siglo Demuestras que tienes firmes los cimientos Paredes erigidas con la mano y la regla Y consagradas por los rescoldos y el viento.  Viejo baluarte que aún hoy soportas El peso del tiempo y el nombre de los que ya no están. Templo sagrado de aquellas cosas muertas Que son toda la vida de mi mundo.  Refugio de amor y ejemplo de honradez que tienes el encanto y un canto de eternidad. Salud, casa solariega, que eres hogar encendido Por la chispa que no se ha apagado.  Casa de los abuelos, de que conozco las sombras y el miedo del silencio de la noche, y la alegría de invadir penumbras en el primer rayo de sol sobre la cama.    Ámbitos amigos de conocimiento antiguo, oh, habitación mía de muñecos extraños, oh, alcoba de que conozco el grosor de cada viga de haber sido mulato en ella, hace ya muchos años.  Ahora todo es para mí un recuerdo; la mesa y aquel banco del comedor, y la sala del centro donde bailábamos como si siempre fuese fiesta mayor,  el lagar donde, en septiembre, cada tarde, el abuelo me llevaba a pisar la uva; el pozo, que me encogía de temor al subirme a él como si cometiese un crimen.  Y la higuera, aquella gran higuera, Que me costaba tantas riñas y sermones. Y el barrio abierto, que me traía el deseo De ganar la amistad de otros chicos.  Y esta gran entrada, por donde corría y escuchaba las conversaciones de la gente. Veo el santo y la lámpara, y donde estaban la escopeta de caza y somatén.  Y este portal que tiene la llave pesada y el banco de piedra afilado de entrar y salir, lo veo como una arcada triunfal para los que como yo se sepan rendir.  Casa solariega, bella es la ocasión - hoy que es la boda de un heredero -, para reencontrar la propia grandeza y rehacer el sonido de una voz lejana.  Haced que resuenen fuertes las campanas Del monasterio vecino, en buen presagio.    Y haz que en otras horas caseras al margen de las vanidades humanas otro nieto te cante igual que yo.  San Cugat del Vallés  Del libro “Del Meu Voltant”, Poemas de Joan Trias Fábregas Editado en Sabadell en 1932
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